Aloyahé (4)

Y es así que el instante detenido y los cuerpos que propician el viaje quedan ante la alternativa de puerta o muro. Solos cada cual y su recuento.

El primer día hay una fiesta en la ausencia de color y una flor tan blanca recibiendo invitados… De repente entra azul, frío viento y caprichosa llovizna. Cambia plata en oro y uno en humo de acercamiento. Igual penetrado por el tiempo el día se contrae y se dilata hasta el dos que surge como clave posible de la cábala. Se hacen pedidos y juramentos.

Dos primero al alimento y casa que se levanta. Es la batalla del gris que siente la amenaza de ser invadido por el blanco. Busca noble alimento, que ese polvo erosivo que hay en cada comienzo es más bravo que la ausencia de color, todo lo gris defiende con valor su derecho a la inercia.

Fíjate cuánto verde dice que los muros están cambiando y así llega el tres que es domingo con agua. Equilibrio, descanso y reflexión. Y sigue la barca como la luna en el cinematógrafo, belleza en toda tendencia del lenguaje. Es el cuarto día, hermano, aquello que se expresa y te lleva al quinto comienzo del dolor. Por suerte hay sol y el ánimo se regala en el invento.

Entonces surge un lecho en el centro de la muerte y la nueva vida.

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