Aloyahé (5)

Hay cosas que hoy no puedo recordar, Aloyahé, desde que entró mi suerte y tus ojos recibieron la muerte que me llegaba regida por el vientre. Es la misma batalla, muerte y vida, el signo espejo que llevamos. Que me hagas tú dormir protegida por un planeta más que amoroso. Esta armonía no es fácil.

Nos tocaba el silencio. ¿Y cómo otra vez lo oscuro después de haber visto luz? Acaso es otra prueba de péndulo. La infancia dura siete días y termina en una mezcla de sangre y risa. Es cuando el Mundo me habla de ti y pide que me detenga. Descubro que soy fuerte porque igual renuncio y el día de partir te despido en la puerta con una historia pendiente. Dime, Aloyahé, ¿dejamos de ser niños para siempre?


Cuando me veo separada voy al mar, ese ocupado cristal de los orígenes, o traigo el mar en forma de faro porque hay sueños en soledad con vastos horizontes. El mar y el faro traen otras imágenes donde el alma aprende y conjura. Esto es ausencia, Aloyahé, ausencia de ti mismo.


Dime cómo defiendes tu libertad y sabré dónde reinas. Y si eres rey son cuatro tus aspectos:
Cuando ves acercarse la serpiente y sigues sonriendo.
Cuando escuchas la serpiente y sigues tu propio rumbo.
Cuando danzas con la serpiente a pesar del miedo y la decisión.
Cuando tú y la serpiente se amigan y no se confunden


Miro pájaros con esta mente de ánfora a ver cuán lejos llega mi respiración a pesar de la niebla implacable y el polvo del camino. La tristeza no hace milagros. Pero el afán de vuelo es como Dios, perdona sin piedad cada transgresión de límites.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s