Recapitule

Él mira sus ojos y ella al ángel que él no puede ver, sino al amparo del infinito, húmedo reflejo. Él cuenta que ayer tuvo una llama y la guardó, cuando entre ajenas burlas y a saber que otros propósitos, pensó “qué tonto, con esta luz ella es inalcanzable”. Ella cuenta  su ayer como una llama que guardó, cuando él no dio su fe, ni aquella llama que desconocía. Con calma y regocijo se hilvanaron años. Opuestos por el centro.

El camina tras ella para que pase un perro en línea de corazón. Ella se derrumba en parques colgada de un sonido mágico. La luna crece y se alegra de saberlo. Un lobo en otra dirección lógica, pasa y enciende una estrellita en sus ojos.

Ayer se puede respirar, asume nuevos bríos, la pieza que faltaba. Tal vez en paralelo acontecer las llamas se atrevieron más. Tal vez sólo esperaron su momento. La clase de eclipse que puede provocarse… como de Sol ungido y luna de sapiencia. El ángel hace un guiño. “Ayer puede cambiar, los frutos se hacen flores.”  Cualquier ayer es en presente, como mañana. ¿Quién sabe si mañana?  Se ve un filo de luz tras esa puerta. Hilos de llama, puzle de tiempo.

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