India in my mind

Según la filosofía hindú, todo lo que está condicionado por el tiempo o por la historia es una ilusión, incluso estas breves memorias.

Planeamos la escapada con la caída del sol, cumplida la primera jornada del Encuentro de Cooperación Empresarial de la Comunidad de Madrid en India, organizado en Mumbay por CEIMPromomadrid, tono de entusiasmo y satisfacción. La noche de los hechos, llevaba un par de días con los canales absortos, tanto discurso para más de 5 sentidos… Ir de los profundos picantes a los dulces celestiales, del concierto atroz con sentido propio de las bocinas de coches a las Bollywood’s songs, de la burbuja del hotel Hyatt a la noche de Mumbay, la reina sublime del contraste. Saber que aquello que sé de India no son más que fragmentos de mapa, nunca el territorio, no alivia nada. Voy dispuesta a la sorpresa, queriendo creer que al observar, compongo una India out off my mind, a la medida de su intensa y antigua cultura. India paradójica de sueño y ensueño.

Flashback: Desde edades tan remotas como los años 1000 al 600 a. C., los pensadores hindúes “no estudiaron el mundo visible dedicándose a las ciencias y a la naturaleza como en Occidente, sino que estudiaron el ojo que ve el mundo y siguieron transitando un sendero místico y devocional, no sólo en los sistemas religiosos sino también en los filosóficos ateos.”(*)

De cómo elegir pashmina y dios protector se vuelve un acto trascendente

La noche de los hechos, un grupo de exploradores salimos a la noche de Mumbay repartidos en dos taxis: Hermes, Caroline, Mate, Gonzalo… y aquel yo intrascendente. El plan era cenar en el Hotel Intercontinental, en un restaurante llamado Dome con terraza y vista al mar. Los taxistas que no hablaban inglés, nos llevaron a un sitio equivocado. Otro Intercontinental, al norte, nosotros queríamos ir al sur. En el centro del destino errado, gran enjambre de taxistas nos rodea, nadie entiende a nadie, se acabó entender. Hasta que asoma su cabeza aquel taxista alto y guapo de la noche anterior, que también nos llevó a un sitio equivocado. Nos repartimos en dos taxis, oh milagro, el segundo era el otro taxista de la noche anterior que también nos dejó en un sitio equivocado. Todos cometemos errores, ¿por qué no disfrutar de su valor añadido?: hablar inglés, entender el mapa y una buena disposición a negociar un buen precio. La noche anterior, gracias a que nos dejaron muy lejos del restaurante al que íbamos descubrimos –por el sexto sentido de Mate- la Divine Fab, (325, Sififin Apartments,) una profesional, discreta y surtida tienda de trajes a medida a precios muy razonables.

La peripecia esta vez nos cuesta una hora. Nos sumergimos el tráfico de hora punta, y tres desesperaciones después, el guaperas aparca junto a la Asian Arts Emporium, una tienda en la Sahar International Airport Road, tenemos que bajar a comprar para que él pueda compensar el buen precio que nos ha hecho. La historia de ayer, el no llegar a donde uno va, se metarrepite. Mate lo quiere fulminar. Veo la tienda como una escena obligada de luz y color, un regalo del destino, y en consenso rápido a todos nos pareció bien. Nos dispersamos en busca de regalos. Me atiende un joven treintañero con una habilidad sorprendente para seducir y vender (valga la redundancia), un derroche de elegancia y espíritu apasionado con buen ojo y mejor sentido del diálogo. Una hora después de un impacto de imágenes antológicas: telas, joyas, artesanía… me decido a mi última compra: una estampa de Ganesha. En los estantes descubro un cuadro que habría extasiado a Escher, un sinfín de Ganeshas se repiten de techo a suelo. No obstante observo cierta diferencia: unos Ganeshas van cubiertos con una especie de sombrilla, otros no. Pregunto al vendedor. “El de la sombrilla protege de la violencia, el que no lleva sombrilla da suerte en los negocios”. Llevo el sin sombrilla, observo el encanto simple de la talla, la beso y le pido que, no obstante, nos proteja de la violencia. Yo soy El. El es yo.

Continuamos viaje hacia el hotel donde teníamos previsto cenar. Dejamos a los taxistas con la idea de reunirnos en dos horas. Pero el Intercontinental está rodeado de militares, me parece un poco exagerado; tal vez por presencia de huéspedes importantes…, no probamos el sabor del Dome, no terraza y vista al mar, no pasamos del loby, motivo: ha ocurrido un evento. Veo a Mate haciéndonos señas para que volvamos, se le salen los ojos de las órbitas, esto no puede ser normal. Volvemos al amparo de los taxis. Mate confirma Bomba, le ha avisado un amigo por el móvil. Llegamos 10 minutos después del tiroteo. El guaperas insiste nervioso: aunque no hayamos cenado, nos volvemos inmediatamente a nuestro hotel. Por delante unas dos horas de camino. Tráfico de locos. Bordeando un malecón que me exportó durante dos frames hacia La Habana, el taxista habla con sus colegas por móvil: bomba en hotel, bomba en taxi, tiroteos, terroristas, atasco por cordones policiales. 20 muertos, 40 muertos… El guaperas nos mira y anuncia con certeza impresionante que nos va sacar de allí, toma un atajo por el Mumbay profundo. Una hora después, cada cual con su pashmina de recuerdo, sanos en el hotel. Mate perdona al guaperas. Yo casi lo canonizo.

Flashback: La leyenda del amado Santo del Ojo, en la que Shiva intenta mostrar a un bramán una hermosa lección sobre la preponderancia del amor incondicional sobre los detalles de una práctica rechazable según los cánones morales. Que cada cual piensa y actúa en su propia mezcla de luz e ignorancia, pero aquel que arranca –pese al dolor del sacrificio- su visión terrena e intenta salvar, aliviar, curar la visión divina, gana su sitio en la propia divinidad.

Seguimos las noticias hasta bien entrada la madrugada. Otros del grupo no han podido volver al hotel esa noche; alivio, alegría al verlos aparecer al desayuno y a las citas de negocios del segundo día de trabajo. Abrimos la sesión con incertidumbres y planificando la salida para finales del día, hay rumores de un avión de las Fuerzas Aéreas Españolas. A media mañana van llegando las empresas indias y la jornada se reanuda provechosa.

Durante la tarde en nuestro hotel, situado al norte y bastante lejano al núcleo de los hechos, se siguen las noticias, se ve una dimensión más amplia que la propia vivencia, se confirma el avión. Las listas, los que van, los que no, largas horas tensas que se llevaron con buen plante y colaboración, un lujo de compañeros de viaje, a salvo volamos a casa. No puedo evitar pensar que este episodio en India y la forma en que salvamos el espíritu de la experiencia, lo hemos creado todos. Gracias. En el avión, mitigo las angustias de volar en espacio cerrado leyendo un libro que amablemente me presta Víctor, de Nerxt Limit: YO SOY UN EXTRAÑO BUCLE, de HOFSTADTER, DOUGLAS R. Intento la perspectiva de la simbola.

Flash Forward

Mientras le hacia el cuento a mis hijos, la chica de 9 años me preguntó ¿Por qué matan a otras personas? Me hizo una pregunta similar hace 4 años cuando descubrió que Arthur el conejo de dibujos animados, Conejomón el peluche de su hermano, el conejito blanco de casa de su abuela y el estofado del plato “eran el mismo”. Aquella vez le dije que Arthur y conejomón eran un símbolo, y que sólo “eran el mismo” el de casa de su abuela y el del plato. No la obligué cuando no quiso seguir comiendo. Y esta vez… Porque no saben, digo yo, aún no saben que hay una perspectiva mejor.

Flashback: El sexto chakra, Chakra del Tercer Ojo, o también llamado Ajana, está situado entre las dos cejas, en la hendidura de la frente; asociado con la glándula pituitaria, con los ojos, el cerebro, con los colores índigo y púrpura; representando la percepción, la intuición y el conocimiento. Donde residen los superiores y permanentes principios del hombre.

Flash Forward

Se puede reconocer a Ganesha como representante del paso 1 de la magia, marcado por la posición del ratón que le acompaña. ¿Está en la cabeza  o a los pies? Más información en el minuto 53 de este enlace

 

Publicado en Efoy Atocha y Dperlas Cultural. Diciembre de 2008

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