ENTONCES ALGUIEN O El Innombrable Poeta De La Umbra

 

Palabras a la antología poética “¿Entonces, qué? de L. Santiago Méndez Alpízar

Por Ana Margarita Mireles.

La Habana de noche es el sueño de un alma extraviada de nacimiento en Remedios. Como buen pueblo de campo, Remedios tiene sus grandes metáforas, sus propias ventajas de olor a tierra, viandas poderosas y carne bien frita. No sólo Berta y Chago lo llaman hijo. El niño es también criatura de un dios cuyo nombre significa “esfera”, porta el don de los mensajes entre lo divino y lo humano, es el que tiene la llave y va marcado por el signo de la infinitud y el movimiento permanente, por eso el niño crece arrullado por cangrejos, palmeras, impíos mediodías, patios de bestias sueltas, sombra, polvo, humedades de monte, fango y mareas varias. Remedios le da de mamar, lo hace fuerte y empecinado, hasta cuando falta Berta se le abre el pecho y lanza su primer concilio de palabra y sentimiento, pero su instinto poético no evita avanzar sumando puntos negros a su expediente.

Aquellos que le aceptan o lo excluyen le enseñan sus propios dolores y trampas. Pero las bestias y las mareas le siguen siendo fieles. Tras los sustos del cambio y el clásico cierre traumático de ciclos, ese ya no tan niño, llega a La Habana, ciudad del sueño, donde demuestra que otros sueños se disparan más allá de sí mismos. Mientras quita ese otro polvo impertinente de los pasillos de la Facultad de Letras, le dejan pasar a escuchar las mismas conferencias de los futuros graduados. De polizón en el discurso literario, así se le abre la visión a nuevos universos creativos: ¡Lo llaman cultura! Diría él con su gesto de bufón infalible. Pronto, y a pesar de que no todo es jamón, se convertirá en uno de los Pinos Nuevos, premio oficial a poetas benjamines, y publicará su primer libro de andanzas: Plaza de Armas. Plaza de esa ciudad soñada, variopinta con sus juegos temporales, sus rastros museables y sus pasiones de puerto, ya convertida en peculiar territorio de conquistas, de amigos para nunca o siempre, cacerías y lances más o menos amorosos. Yo estaba allí cuando llegó. En el umbral de la vieja casona colonial,altísimo, un arco de piedra gris tiempo, gris trascendental. Aún no lo había visto y me dije: alguien va a cruzar el umbral. Ahora.

  1. Santiago Méndez Alpízar, se deja llamar Chago, su apócope heredado, aunque a veces firma Ch., sólo la inicial, acompañada de un punto negro. Le encanta jugar con abstracciones. Hasta cuando escribe la versión más larga de su nombre sigue escondiendo en un L. un nuevo sentido oculto de sí mismo. Lázaro. Ya lo dijo, y el que avisa no es traidor:

Imposible es llamarme por el nombre

/ he cambiado el nombre

De cambiar las cosas/

…..

Mi nombre es como el tuyo /

Por eso a veces lo cambio /

Lo cambio todo / por eso das conmigo

Hasta es capaz de decirle a una meiga:

No pronuncies mi nombre. Chago suena a mal augurio.

Trae un verso semejante a sí mismo: impaciente y metódico, compulsivo y constante, bromista y filosófico, sátiro y ángel de los caminos.

Trae un raro sentido práctico, que se nota en su forma parca, casi zen de definir, en su ritmo jadeante: marca con / el instante de pausa, suspiro, expiración. Su apología personal de instantes cortados.

Ahora es como el silencio de los poemas/

Esos que cada cual interpreta

Que los poetas olvidan

Hay poetas que cantan evidentemente a la luz, y otros que lo hacen definiendo el contorno de la sombra, todos se entregan a lo que Jung llamaba “la obligación moral” de vivir con atención, intensamente, y luego contar lo que se aprende, sin desechar ninguna textura, por áspera, dolorosa o poco conveniente. Este poeta juguetón, enfangado y lírico, hace constar que vive y se compromete con una visión, con su denuncia, con la alternativa utópica posible. Este poeta viajero que ha trazado su propia ruta Remedios, Santa Clara, Santiago de Cuba, La Habana, Tenerife, Madrid, Jinaguayabo, Galicia, Ávila, entre otras ciudades no confesadas… ha visto los mil rostros de la palabra patria, y ya simplemente la porta, más allá de sí mismo.

Pero insiste en hacernos pensar, en extrañarnos de su propio discurso. Las citas son homenajes a espacios y personajes de gran valor emocional. Pero también son su manera de sorprendernos “cambiándolo todo”, hilvanando imágenes, sentidos, en diferentes modelos estructurales. Todo para que veamos dónde la poiesis puede dejar su impacto.

Cuando habla en primera persona, define al poema fuera del libro. Como si en este libro sólo quisiera que quede el flash, el instante visto por el lector, omitiendo el yo que habla. Primera persona que habla fuera del libro es una broma más, pero muy seria. El primero marca los contornos de su poética, en el segundo discursa sobre sus muertes y resurrecciones, el tercero es la visión de sí mismo reflejando en Ella, y en el cuarto habla su instinto de fuga. En el quinto ya se ha fugado en una alucinación, pero en el sexto… el sexto es un canto de poder. Un libro en si mismo donde el alma extraviada discursa para un maestro, otro poeta del absurdo con un exquisito sentido del drama. Poeta y maestro son animales de la umbra, almas tentadas por la noche y la levedad de las islas. Y para que no falte la risa lo hace a ritmo de Rockasón. Entonces, qué?

Entonces la inquietud del Punto Negro. Hace unos años estábamos mirando alternativamente al mar y a la montaña desde una terraza de isla. Me traía una modesta y propia edición artesana de su nuevo libro, lo llamaba El Punto Negro. Leí con deleite sus peripecias alrededor del punto en cuestión y quise seguir, leyendo más, de nuevo… – Guarda esta copia, me dijo, que la disfrutes.

La guardé durante 4 mudanzas, cruzando montañas y océanos, la disfruté, como él quería, en todas mis casas se guardó –no siempre a mano- en el cajón de proyectos creativos que algún día hay que realizar, hasta que llegó el momento de su publicación. La tarde en que iba a devolvérselo, tantos años después, lo olvidé al salir del vagón de metro, como si el punto se hubiera cansado de estar en el cajón y decidiera hacer su propio viaje en busca de nuevos ojos. Destino de Punto Negro, punto suspensivo. Costó, pero algo al fin queda antologado, abriendo la primera página, su propia versión de punto de partida, nos da tres libros en uno, lleve tres, pague uno, como anunciarían las rebajas del Corte Inglés. La primera parte, punto Negro, con poemas escritos en La Habana entre 1994 y 1995. Flashback reúne sus primeras impresiones en España, y en Efory Atocha, su escritura más madura, donde el verso se extiende y asienta, el poeta está aquí o allí, haciendo sus recuentos, como si estuviera en otra parte, otro tiempo, y a la vez, tan presente, cantando testimonio. Son su propio diario de viaje, con manchas de sudor, sangre y desvarío.

Y a pesar de que diga

Ella no quiere creer

Que soy un hombre bajo

y con pocos escrúpulos

Una quisiera ser

Una mujer tan alta que hace espuma,

O dejar de ser

Triste animal levitando entre el brocal y el agua

Una quisiera entregarse como su abuela, que

… se daba a las ausencias

como quien juega a no pensar en nada

Entonces, qué? reúne los cantos polirrítmicos de un enamorado romántico seducido por vanguardias, jazz alucinógeno y cine orgánico, que a veces está en paz y a veces toca el cuerno de guerra. Flashback y Efory Atocha, testimonios de sus andanzas en Madrid, develan que el poeta no pierde la raíz, es una raíz en sí mismo, una raíz atenta que persevera con su luz, con su mensaje.

*Este texto aparece en el número 31 de la Revista Hispano Cubana.

Video con lectura en voz de Ana Mireles

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