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Por fin he abierto la ventana. El sol sorprende suave y acariciante. Las plantas del jardín brillan el instante del rocío con un verde noble y efímero, se nota la firma del otoño, amigo que siempre vuelve cuando la fuerza plena del verano se recoge en tierra y los aconteceres sobre la superficie quedan en manos del viento, que ya prepara el reino del frío y la llovizna. Observo el paisaje que no por conocido es siempre el mismo. Observo y soy observada, en el silencio, surge el recuerdo de aquel abismo que devuelve la mirada al hombre que invoca al superhombre. Una vez consciente el observador, la ventana, el jardín, los límites desaparecen. Quisiera decir Yo, pero no hay nadie. Sólo tú frente al rastro que he dejado. GRACIAS por estar aquí.

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